Catriela Soleri
Los camiones sobreviven en los labios, ¡¡ja ja ja,
Los camiones sobreviven en el pelo,
Los camiones sobreviven en las orejas,
Los camiones sobreviven en la selva, ¡¡ja ja ja!!

Muchas veces uno se niega la oportunidad de escuchar lo que los niños tienen que decir; y créanme queridos lectores que no esta demás prestar atención a su palabras, pues en medio de tantos balbuceos se oyen frases geniales que aquellos que estamos empeñados en mantener la cordura y seriedad jamás podríamos haber creado sin años de estudio, viajes, y experiencias de todo tipo.

Como les he dicho este es el comienzo de mi vida universitaria, el pasado sábado fui a Celaya a visitar a mi familia después de afrontar sola mi primer semana de clases; así pues el Domingo tuve que regresar a León, en camión. Muchas veces he viajado en camión, sobretodo últimamente, pero esta vez fue especial, porque fue la primera vez que lo hacía sin mis padres, o compañeros del colegio, por suerte me encontré con mi prima Alma que viajaba en el asiento delantero, el asiento 1.

Junto a mi estaba sentado un señor de ropa un poco sucia, y en la fila de a lado, asientos 7 y 8 iba una señora con sus dos hijos; un niño y una niña, él, mayor que ella, de 4 o 5 años calculo.

Han de saber ustedes que yo no soy muy paciente con los niños y detesto a los maleducados. Así que yo esperaba un tedioso viaje. Acomodé mi equipaje de mano y me aseguré de saber donde estaba el ticket con el que recogería las dos maletas que dejé abajo. Mi prima y yo conversamos unos minutos hasta que decidimos que ella escucharía música y yo leería los tres capítulos de mi calase de “historia de las teorías de comunicación” para hacer el reporte que tengo que entregar mañana.

Desde el inicio del viaje los niños hablaban, pero fue hasta cuando intenté leer que me percaté de sus escandalosos comentarios sobre todo aquello que iban viendo.Al principio eso me molesto, pero intenté seguir leyendo, leí algunas páginas hasta que me distraje con el paisaje, ya íbamos saliendo de Celaya y eso me ponía triste, yo no me quería ir aun.
Decidí que todo intento por leer sería inútil, así que me hice a la idea de leer por la noche con la esperanza de disfrutar mi lectura en medio del silencio, o del taconeo de la chica que vive en la habitación de arriba. De pronto la televisión que estaba cerca de mi se encendió y la película programada era “cheque en blanco” de disney; muy mala película por cierto, de esas cursis donde los niños aprenden el valor de la familia, y de la verdadera amistad que se puede demostrar regalando al amigo litros del helado favorito.

A pesar de que la película hubiese comenzado los niños seguían hablando, sorprendiéndome gratamente con su elocuencia. El niño dijo –Esos vagones ya no sirve, son muy viejos, solo hay una manera de hacerlo funcionar”- Yo esperaba que el niño compartiese su manera de hacerlos funcionar, pero no lo hizo, así que seguí viendo la película gringa.

Sobre la película escuché a la niña decir –Yo voy a ser así de grande- se refería a la bella agente del FBI. El en cambio deseaba ser rico como el protagonista, y dijo –yo me sacaré millones- y escuché algo parecido a que lo donaría a los niños pobres, no estoy muy segura porque me cuesta trabajo entender las palabras con voces tan agudas.

La verdad yo no estoy segura de haber entendido a esa edad la magnitud de la palabra millón, que aplicada en cualquier sentido, es una cantidad monumental. Tal vez ni siquiera ahora la logre entender del todo, y ¿para qué me serviría de todas formas? No creo juntar un millón de ninguna cosa en esta vida, de todos modos un solo ser humano no necesita tanto de nada.

Los dos son bonitos, y muy creativos, sobre todo el; cuando lo escuché hablar sobre los vagones, y otras cosas después, nació en mi mente la idea de que tal vez el sería escritor en su etapa adulta, o tal vez desde la adolescencia, lo cual es lo más seguro, pues es durante esa edad cuando uno comienza a darme cuenta de lo que realmente es y experimenta escribiendo algunos versillos, o como en mi caso abriendo blogs inútiles.
Sin embargo no debemos forjarnos muchas expectativas sobre los infantes pues a esa edad la mayoría somos creativos e ingeniosos.

Durante mis dos horas de viaje me percaté de que los niños son extremistas, a continuación algunos ejemplos:

Llaman ola, a l agua que se estanca en las calles y los autos mueven de un lado a otro.

Dicen palabras como “inundadísimo” y llaman “gasolería” a una gasolinera.

Y murmuran frases como:

”Las calles van a estar muy inundadas y vamos a tener que nadar.”

”Los granjeros deben estar preocupadísimos por sus animales”

Y además ven como una perfecta oportunidad para regar las plantas, la inundación de la carretera

Los camiones sobreviven en los labios, ¡¡ja ja ja!!
Los camiones sobreviven en el pelo,
Los camiones sobreviven en las orejas,Los camiones sobreviven en la selva, ¡¡ja ja ja!!

La niña gritó durante un rato, y el niño la invitaba a conservar la calma e intentaba hacerle ver que aquello que decía no eran mas que disparates; tal vez él comenzaba a crecer, que triste.

La niña alegre seguía repitiendo ese versos cambiando siempre la 5ta y 6ta palabras, y otra cancioncita que decía “Cuando era polvo me barrían, me barrían”

7 Responses
  1. Ay, qué bonito post, quería decirlo. Luego tal vez comente algo más.



  2. No, sí lo hacen, sólo que a veces no es tan fácil comentar.


  3. Mientras alguien comenta algo sobre el post, y mientras yo vuelvo a publicar...

    Cuèntame, què tal estàs?


  4. Estoy muy mal.

    Y tú? Acabo de ver esto, y eso que había visitado antes el blog. Escribe algo pronto. Aunque veo que ya tienes internet y computadora bien, eso es bueno.


  5. No, no me puedo conectar desde mi compu porque dice que no tiene dirección IP, alguien sabe como remediar eso? de donde saco la dirección IP de mi compu?

    Ahora escribo desde la escuela, en fin....

    Ah chente háblame y cuéntame que onda, ya no hay pretexto, ya tienes mi ID.

    Espero que todo mejore, yo voy este fin, si quieres cebar mate, o echar cafesín como en el viernes de morsas, háblame.


  6. Es que de niños somos poetas naturales y ese extremismo verbal que tú mientas resulta maravilloso y sorprendente. Luego nos empiezan a meter miedo hasta a las palabras y ese poeta que somos enmudece y se aquieta. Pero si logramos que ese niño que siempre somos sueñe, aunque sin dormirse, pues vamos bien entonces y sobrevivirán camiones por doquier, full de lenguaje-jé. Abrazo lúdico, JML.
    (Descubro tu blog gracias al de Roger Michelena).