Catriela Soleri
Amo tu indiferencia y mi obsesión. Pues me hastía tu atención.
Me dejo poseer por ansias enfermizas de saber que te tengo lejos. La morbosidad de tenerte presente. Cercanía fantasiosa. Necesidad innecesaria. Conspiración de una obra improvisada: “El deseo de tenerte, y las ganas de perderte”.

Odio la sensación suave de tus palabras deslizándose sobre mi piel. Demasiada delicadeza para ser cierta.
Un poco más y mi cuerpo explota en esta lucha silenciosa.
Mares oscuros e infinitos se ciernen a mis pies. Lejanísimos son tus ojos. Y ya no espero nada. Nos vamos a odiar.

Es nuestra secreta/ no existente relación lo que terminará consumiéndonos en los propios deseos. Pues al verte solo quiero recorrerte y hacerte mío con ese traje prohibido.
Ese acento sensual que me imagino desprendería un aliento cálido en mi garganta, mientras me llenas de malos besos.
Odio tu atrayente mirada plagada de locas pero deliciosas intenciones, nos imagino practicando pasiones mal vistas.

Odio la falta de soberbia, sin tono de altanería, sereno cuando me hablas me reprimo. No contesto y te quedas en silencio, siento la impotencia apoderarse de mí.
Recuerdo que amo mi dolor, las ganas de sentirlo, lo afortunada que soy de tenerlo.
Tarde por la noche algo anda mal, terriblemente mal, sola estoy con mi dolor que llega al fondo… y a tu fotografía.
Una mueca, una sonrisa falsa, y estudio sus formas malhechas.
El horror a tu ausencia, un reclamo violento, y tu voz. Desesperación que se va de mí cuando grito tu nombre, que se no me pertenece.

Me arrincono y pienso en tus labios de cereza, en el aroma sin disfraz, en la satisfacción de poseerte en mis sueños, en la manera en que inspiras mis letras, en el enamoramiento recíproco cansado de nuestras dudas. Me inquietas, me excitas, pero al final no me llenas, necesito más, pero no de ti.

Amo tu dolor, pero odio verte lastimado. Poco a poco me acerco y te abrazo. Me prometo lavar tu tristeza con mis lágrimas, aunque eso me lastime más.
Es la intensidad de esta odiosa entrega que provoca el latente sentimiento de sacrificio, porque me sacrifico, tú renaces, y yo… caigo muerta.
Por Astrid y Mariana
3 Responses
  1. Anónimo Says:

    O POR DIOS CHIKAS CHIKAS HASTA DIEGUITO PARA HACERLAS RTEIR ABRAZENME A MI SEEE, OYE HABLANDO EN SERIO MARINITA ESTO ESTA MUY PERO MUY BUENO TE FELICITO ME ENCANTA LEERTE UN BESO CIAO


  2. Fedosy Says:

    Hola, pasé por aquí, vengo a través de los predios de Oscar, desde la caja donde me guardo.

    Salud y esperanza.


  3. indianguman Says:

    Me gustó, el tema de la ambivalencia bien desarrollado, el amor y el miedo, la herida. Cómo no reconocerse.

    Saludos!